jueves, 13 de abril de 2017

El pesimista


Tú voz me dice que soy un pesimista.
Pensándolo un poco ya no recuerdo cuándo fue que deje de confiar en el fruto de mis obras.
Cuándo fue la última vez que confíe en un sueño que termine guardándolo en el cajón de los recuerdos.
Esos sucesos que te llenan de satisfacción por haberlos simplemente logrado.

Me indigna saber que siempre al final de una oración espontánea hablará la palabra y diré NO.
Siempre al fondo, vez tras vez al final de cada idea inconclusa.
Como un modismo imposible de olvidar por el mismísimo subconsciente.
¿Qué es ser un pesimista?

Tal vez solo sea un estado negativo ante todos los sucesos de la vida.
Una defensa ante el fracaso, una excusa para todo evitarlo.
Pesimista por no esperar nada nuevo bajo la sombra de un naranjo.
Vivir sin que nada absolutamente te sorprenda porque todo ya te ha pasado.

Negativo es dudar que merezco lograrlo.
Porque es así simplemente fácil y todo debe de ser así de sencillo, como lo es el respirar a diario.
No recuerdo en donde aprendí a ser un pesimista.
No recuerdo cómo logré respirar e inhalarlo.
O si fue en una comida o en un regalo.

Tal vez no lo aprendí.
Posiblemente lo heredé del viento infame que se esparce como virus en nuestro sueños que sobreviven sin pensarlo.
A veces solo espero a que todo salga mal aún sabiendo que es una antesala de que todo siempre saldrá bien.
Porque la oscuridad es solo un antifaz por la falta de luz.
Es automático, sistemático y autómata la infelicidad infringida por un deseo desconfiado.

La realidad puede ser pesimista.
El futuro un objetivo que camina siempre de prisa.
El presente puede ser un mar de historias sin control de daños.
Un rayón en la repisa.

Una palabra que prefiere ser solo una pregunta.
Tal vez solo sea un pesimista empedernido.
Una negación en el amanecer de un ocaso.
Que simplemente todo siempre lo ha logrado.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
14/04/2017.





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