domingo, 2 de abril de 2017

Ahora soy más fuerte.





He visto caer las hojas del tiempo.

Casi sin ningún esfuerzo el viento de los días las han derrumbando.
Siempre es así cuando la indiferencia conspira con el orgullo para fraguar una farsa que engaña hasta a él más astuto. 
De la misma manera fui cayendo al precipicio con cada una de todas tus mentiras.

Hoy tu verdadero rostro ya no esconde la oscuridad que todo este tiempo se esforzó por ocultarme.
Ya no me importan las preguntas sin respuesta ante un silencio que la sonrisa burlona gozó al ver cómo me dolían los engaños.
No me hace falta decir con voz baja lo que mis ojos tristes hablan.
Ellos son más que solo una señal muda de cómo caí en cada uno de todos tus señuelos.

Solo fui como un niño que fue tomando cada dulce que se dejo para endulzar a mis sueños.
Como pudiste robarme la inocencia de algo que para mí era tan santo.
Nunca te importo dejar cicatrices que costaron toda una eternidad sanarlas.
Endureciste con tu odio a un corazón puro hasta que al final tuve que dejar de amar todo lo que solamente me rodeaba.

Perdí años completos tratando de descifrar cada una de tus supuestas verdades.
Empeñe mi gloria y mis mejores lealtades en una búsqueda infructuosa.
Nunca encontré mis dones escondidos en tu misma desdicha.
Solo me fui evaporando como una gota única bajo el incandescente sol que todo lo evapora.

Solo me quede como una presa ciega atada a la carnada que se descomponía.
Pero aprendí a esculpir a el tiempo.
Y con simbolismo mi espiritualidad me saco nuevamente a flote.
La valentía renació en fortalezas a partir de todas mis debilidades.

La vida nos rompe a todos en algún momento.
Yo logré de mis pedazos hacer algo diferente.
Ya no soy el mismo de antes.
Ahora soy más fuerte.

Poesía
Miguel Adame Vazquez.
02/04/2017

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